Pabellón Deportivo | Deporte, política y comunicación.

Para nadie es un secreto que el deporte fue el fenómeno social y político de finales del siglo XIX, se extendió en lo económico en el XX y aún sigue en el centro de las estadísticas en la presente centuria.

Es capaz de reunir millones de seguidores a través de la pantalla chica y redes sociales, para presentar competencias mundiales, continentales y regionales de fútbol, juegos olímpicos, béisbol en cualquier categoría y otras tantas disciplinas en este renglón, que se cultivan y desarrollan en el mundo.

También es capaz de producir toneladas de dinero para enriquecer a los organizadores de los eventos; para aumentar las ganancias de las marcas comerciales patrocinadoras y aquellas personalidades que destacan, de manera individual, en el cultivo de algún deporte. En otras palabras, a una estrella deportiva se le hace más viable justificar su fortuna que a un político.

Continúo en el camino presentado en la justificación del libro Venezuela, Olimpismo y sociedad de Luis Martín y Orlando Lara, para que se entienda que toda obra escrita, hablada o sobre cualquier manifestación cultural, tiene su base sobre las aristas de la política, entendida como ordenamiento del Estado y la sociedad.

Nos dicen los autores citados: “Qué pobre y qué mezquino se nos antoja el diccionario de la lengua española, cuando para definir la palabra deporte se queda en ‘juego, ejercicio físico, pasatiempo, diversión’. Pero qué contradictorio, a la vez, cuando define al término derivado ‘deportividad’: ‘actuación con un comportamiento correcto y educado”.

Ese comportamiento educado y correcto, nos suponemos, será el que el deportista ejerza en su sitio de ejecución, llámese cancha, estadio, escenario, etc., y frente al público y sus contrincantes; es decir, que es un desempeño hábil frente a la gente… una aproximación a la definición del término: política.

Las actividades del deporte están dirigidas por la política de los poderes nacionales, tales como el Ejecutivo, el Legislativo, y el Judicial.

Cortesia : Julio Barazarte.

 

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